domingo, 12 de septiembre de 2010

Estado de excepción típico .

Legalizar no significa definitivamente descontrolar, por el contrario, significa controlar, regularizar, administrar, manejar, en fin: tener acceso al tema.
La ilegalidad solo sirve para sembrar de violencia tierras anárquicas repletas de grupos que pujan por el poder de lo que el estado abandona, pudiendo encontrarse en estos casos solo cosechas de crímenes y muertes. La prohibición es el alimento que ya no necesita el animal y deja para que las aves de carroña hagan de las suyas.
Legalizar la droga consiste en tomar las riendas de un flagelo, conservando, en parte, por supuesto, cierta prohibición, pero habilitando, para ciertos casos debidamente certificados por el estado, la venta, solo en establecimientos permitidos y a precio de mercado legal.
¿Seguiría existiendo el narcotráfico? , si pero sería menor la necesidad de los usuarios de drogas de acceder a la drogas mediante procedimientos ilegales, con todo el riesgo que eso conlleva.
Debemos aprender que es la mente de la gente lo que hay que educar, no prohibir sustancias, ya que inmediatamente se apertura un mercado ilegal.
Entrando en tema: ¿Por qué se habla solo de legalizar la marihuana y nos las demás drogas?
A primera vista parece ser un acceso tímido y dubitativo del estado para con un tema que, claramente, lo desborda. ¿Que lógica tiene buscar empezar a talar un árbol por la rama más fina? Si se va a intentar resolver un problema debe hacerse impetuosamente, no superfluamente, pareciendo solo querer encontrar un sello de “progre” para cuestiones temporales o de turno. Legalizar entiende acerca de un tema mucho más profundo que cuestiones pertenecientes al sostenimiento de carteles de sellos políticos que lo único que hacen es cansarle los brazos al estado, por sostenerlos sin sentido. Legalizar es habilitar madurez a la sociedad. Es que de una vez por todo el poder público se anime a enfrentar de manera preventiva un flagelo que lastima a todas las clases sociales. Legalizar no es permitir. Es la voz del estado diciendo acá mando yo. Y estas sustancias que tanto daño hacen, la voy a administrar yo, no narcotraficantes.
El primer paso para solucionar un problema es reconocerlo, no ocultarlo y prohibirlo, dejando que actué, desde la clandestinidad, como imán criminalizante para con personas vulnerables. Que mejor manera de reconocer un problema que ponernos a pensar en una ley que acorrale a los narcotraficantes, simplemente sacándole el negocio de sus manos. Claro que estas líneas no versan sobre eliminar totalmente la punibilidad, sino que, a lo largo de la explicación, se hablará de lo importante que es concentrar la energía en otros organismos del estado. La intención seria anticiparse a lo ilegal ¿Cómo? Mediante la legalidad instructiva, no la prohibición facilista. Claro que es más redituable si es prohibido, pues el estado no puede meter sus intenciones más que con el poder de policía, lo que no parece ser muy útil a la sociedad.
¿Qué tal si convertido en legal el negocio de la droga se le cobra considerables impuestos a su venta destinándose la recaudación a la persecución del remanente del negocio ilegal y a la manutención de hogares dignos de ayuda medica para los adictos? ¿ que tal si en vez de prohibir nos dedicamos a enseñar y aprender?
Diseñar políticas ejecutivas, sacar al poder judicial de este tema, pues no tiene potestad preventiva ni de aplicación general futura, o sea: hay que crear leyes acordes a la realidad imperante.
La ilegalidad es la postura estatal mas vaga e irresponsable para enfrentar un problema, pues no hay mas nada que hacer, solo punir y punir. Estamos ante la creación del enemigo social narcotráfico, y: ¿Qué mejor que tener un enemigo al que echarle todas las culpas y, de ese modo, eximirnos de responsabilidad en la tarea preventiva y posterior? Queda en evidencia una posición facilista de auto victimizarse para no enfrentar verdaderamente el problema. Cuánto trabajo se ahorra el estado.
Insisto: Creo que es hora de darnos cuenta que legalizar no es dejar que se haga lo que se quiera, sino que es decir de qué manera y como se va a hacer. Prohibir es dejar hacer lo que se quiera a las espaldas de uno. Es una confesión de incapacidad de regular una situación de hecho candente. Es apagar el fuego con nafta. Sería importante darnos cuenta de lo importante de armar un buen mecanismo de creación de derechos. Apunto en este sentido a mencionar un tema importante de este breve artículo: La violación de derechos no por comisión, sino por omisión, debido a que el estado es garante de todas las personas que criminaliza por no tener la aptitud de regularizar, por lo que menciono aquí el remedio legal que fue puntapié de todo estas líneas: El estado de excepción típico. ¿De qué se trata? De todos esos delitos que el estado tipificó por vagancia de tareas preventivas y de abordaje desde otras áreas que, por naturaleza, necesitan de más presupuesto y no tienen el mismo maquillaje político de dar sensación a acción del estado sobre el delito. ¿Qué principia este estado? Que ante el reconocimiento del estado de excepción, se moldeé la ley y se aplique retroactivamente según la nueva dosis de beneficio imputada y, obviamente, sea imperativa a futuro.
Debería espantarnos que el legislador prohíba por prohibir, pues nos está reconociendo en la cara su falta de creatividad para dar soluciones sociales y, a la vez, está haciendo entrar al estado en una situación legal y permitida, pero, que de hecho, y subrepticiamente lo impulsa a cometer violaciones a los derechos de sus ciudadanos por omisión, ya que omite dar el marco de desarrollo sustentable a personas que el mismo sistema torna vulnerables, dado que, al prohibir, inmediatamente se le esta allanando el camino al mercado ilegal para que hagas de las suyas: acosos, violaciones, asesinatos, esclavitud, etc.
¿Cuántos señores de la droga dejarían de amasar fortunas? ¿Al capone hubiese sido conocido si el alcohol hubiese estado regulado en esa época?
Las leyes deben responder oportunamente a las necesidades sociales. Estamos ante una suprema necesidad de descriminalizar este asunto y resolverlo por las vías correspondientes, como el área de salud, economía, desarrollo social, etc.
¿Por qué la sociedad es tímida en un reclamo de descriminalizar solo la marihuana? Abramos los ojos: Proponer un nuevo diseño político, armar un ente regulador, un ente de certificación y un ente para consumidores autorizados en debidos sitios controlados por el estado y, por supuesto, seguir puniendo la venta ilegal remanente.
No sigamos apretando la morsa. No pongamos más rejas. Rediseñemos este modelo punitivo aplicado al caso y evaluemos la posibilidad de un mecanismo preventivo y reparatorio en el que se tutele a los consumidores y se los proteja con debidos controles de calidad.
Actualmente se habla de permitir el consumo y punir el tráfico. ¿Qué incoherencia más grande es esta? Es como permitir comer carne vacuna pero prohibir matar vacas y los frigoríficos.
Parece como una invitación a la avivada que premia al que mejor soslaya la autoridad del estado. Es decir: se puede hacer, pero no nos podemos enterar. Y mientras tanto, que mueran más y más jóvenes y que las cárceles rebalsen.
Esta política lo único que logra es que cada vez existan más mataderos ilegales donde se matan vacas sin control alguno y se esclaviza a los empleados, con el riesgo, claro, de que, además, después vendan carne descompuesta o, peor aún, que vendan otro tipo de carne mas nociva haciéndola pasar por carne vacuna.
Cabe aclarar que estas líneas distan de ser un aporte abolicionista. Por el contrario, es un pensamiento netamente intervencionista que intenta abrir el abanico de ataque a esta cuestión, no quedándose en el sencillo invento del enemigo narcotráfico.
Esta idea de tomar el toro por las astas consiste en propiciar el armado de un quirófano jurídico para extirpar el problema.
Este criterio debe aceptar críticas constructivas, invitando a una confrontación generadora de ideas. Es un punto de vista que no se posa en el problema, sino en su solución.
Observemos, entre otros, a México. Este país es la puerta para meter la droga en EEUU, la sociedad que más consume drogas en el mundo entero. Actualmente la Argentina, junto a Brasil, tomó un preponderancia importante como país de transito de la droga hacia Europa. ¿Qué más que mirar la realidad social mexicana? ¿A eso queremos llegar?
De una vez por todas debe el estado dejar de fomentar, mediante la omisión prohibitiva, formas de vida vejatorias y comercios ilegales, pues ser drogadicto ya es problema suficiente como para adjuntarle el de la criminalidad.
Es hora de que el estado se repregunte su función y que realice un auto asepsia de las leyes prohibitivas, en búsqueda de una buena performance legal que sea de utilidad social, no penitenciaria.
El estado ha de rejuvenecer el valor vida y libertad de manera preventiva no mediante medidas de seguridad excluyentes. Debe quitar de las manos este negocio a los narcotraficantes legalizándolo de manera razonada, paulatina y gradual, pues semejante cambio no puede darse de manera repentina.
No porque sea legal se va a dejar que cualquiera lo haga. Por el contrario la idea de sacar la frontera entre lo prohibido y lo permitido consiste en vigilar de cerca el asunto

Nicolás Brum

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