lunes, 26 de julio de 2010

Cuentos Penales

El más joven de los dos presidiarios se despertó a las siete en punto. Se paró de la cama, agarro el lápiz y tachó un día más en el almanaque que colgaba en la única pared sin humedad.
- ¿hago mate? Le pregunto a su amigo y compañero de celda, apodado el viejo filósofo, que ya estaba despierto en la parte de arriba de la cama cucheta.
- Por supuesto. La mateína es indispensable para activar las ideas.
- ¿De que será la clase de hoy? Pregunto el joven mientras hacía pis en el retrete que estaba en la parte final de la celda más grande de la penitenciaria.
- Del tiempo, dijo el filosofo luego de bostezar y ya sentado en la mesita de madera.
- ¿Que me vas a enseñar sobre meteorología? Pregunto el joven riéndose mientras vigilaba la pava apoyada sobre la hornalla de la garrafa.
- ¡No! Respondió el profesor. Hablaremos del paso del tiempo en la vida. ¿Qué es para vos el tiempo? Pregunto de inmediato
- Tachar los días en el almanaque esperando que llegue mi libertad.
- Mira, dijo cuando ya estaban los dos sentados tomando mate haciendo uso del privilegio de no salir a formar fila ganado por la buena conducta interna. El tiempo es la vida, por lo que, para definirlo, tenemos que comenzar haciéndolo con la vida.
- ¿Y que es la vida? pregunto el joven.
- El filosofo abrió el diccionario de lengua española. Vida. (Del lat. vita). . Fuerza o actividad interna sustancial, mediante la que obra el ser que la posee. Unión del alma y del cuerpo. 6. Modo de vivir en lo tocante a la fortuna o desgracia de una persona 9. Conducta o método de vivir con relación a las acciones de los seres racionales. 11. Relación o historia de las acciones notables ejecutadas por una persona durante su vida. S .Estado de la gracia y proporción para el mérito de las buenas obras.
- Bien, continuó, por último la definición que nos interesa al tema de hoy: Espacio de tiempo que transcurre desde el nacimiento hasta la muerte
Como podes observar, dijo el viejo luego de prender un cigarrillo armado, en todas las definiciones aparece un denominador común. Y es el modo, la fuerza, la relación, el espacio, la conducta o el estado que cada uno de nosotros le imprimimos a la vida.
- De todos modos nosotros en esta celda no tenemos mucho para imprimir. A mí no me queda más que tachar días viendo cómo pasa el tiempo, sentenció el joven con tono negativo.
- ¡Bien! He aquí la primera observación. No es donde está uno, sino como esta uno. No es con cuanto tiempo contamos, sino como lo administramos. Si la vida fuese infinita, es decir, ilimitada, no tendríamos que poseer el mismo nivel de responsabilidad con nosotros mismos para ser felices, pues siempre tendríamos tiempo para remediar cualquier situación. En cambio, como nuestras vidas son finitas e inciertas, estamos obligados a auto abastecernos de felicidad, mediante estrategias sabias que nos permitan correr la carrera de la vida.
- ¿Carrera de la vida? pregunto el joven. ¿Qué clase de carrera tenemos en esta celda?
- La carrera de la vida comienza todos los días dentro de nosotros cuando nos levantamos y termina todas las noches cuando nos acostamos. Nunca se llega a ningún lado, más que a la muerte. Te repito: nos es donde está uno, sino como esta en ese lugar.
- Si, bla, bla, bla, dijo el joven. Pero yo solo quiero llegar en la carrera.
- Ese es tu error. Por eso no consigues paz interior. O no te he comentado el dicho que dice que mientras el tonto piensa en llegar, el inteligente solo quiere seguir corriendo. Porque eso es la vida. Un camino. Y la carrera es con nosotros mismos, contra nuestra pereza, abulia, indecisión e incredulidad. Porque al ser finita la vida y poder terminarse en este mismo instante, siempre nos impone el deber del esfuerzo por ser felices, hoy, ahora.
- ¡Pero en esta celda yo no puedo ser feliz!
- ¡Si puedes! La felicidad se elige, es una decisión.
- No me la creo. Más bien pienso que seré feliz en un futuro, cuando me den la libertad.
- Escucha: Hay otro dicho, de Anato Le France, que dice que el futuro es solo un cómodo lugar donde depositar los sueños. Mas pienso yo, que la realización del sueño comienza en el tiempo presente. Todas nuestras energías deben confluir en él, para que se logre. La vida, como todo camino, requiere de búsquedas. Pero esta búsqueda, nunca termina. Y, como dijo Oscar Wilde, cuando un hombre dice que ha agotado la vida, se sobreentiende siempre que es la vida la que le ha agotado a él. Por eso, estoy convencido que, en esta búsqueda, la edad es una cuestión mental, y, pareciera ser, que hoy en día, hay tantos jóvenes con actitud de viejos resignados como tantos viejos con actitud de jóvenes motivados, que nunca se cansan de buscar y explorar su alma.
- ¿Te réferis a mi? dijo el joven con tono altanero.
- Al que le quepa el saco que se lo ponga, contesto el viejo. Y siguió diciendo: En la vida, basta solo con una cuota de sensibilidad para deleitarse e introducirse en un estado de éxtasis natural que nos permite, mediante el contacto con la naturaleza, descubrir nuevas sensaciones y nuevos pensamientos.
- ¿Y cuál es tu método para no perder el tiempo en esta celda? Interrogó un tanto más atento el joven, como queriendo descubrir la formula.
- La escritura y la lectura, dijo el viejo mirando fijamente al joven.
- ¡Ah! Con razón te la pasas escribiendo o leyendo.
- Mira: dijo el viejo. Considero que escribir es tener pleno contacto con la naturaleza. La naturaleza más salvaje e inhóspita que hayamos conocido: Nosotros mismos. Basta solo con que cualquiera de nosotros agarre una hoja y una pluma para que, dejando fluir su sensibilidad, escriba cosas que nunca se hubiese imaginado capaz de escribir o siquiera sabía que las conocía. La pluma y el papel es herramienta más eficaz para derribar los muros de la cárcel que un pico y un martillo. Es la mejor fuga. Es un escape hacia uno mismo. Escribir nos ayuda a explorarnos. Y solo mas escribe quien más curioso de sí mismo es. Somos nuestro propio horizonte. Cuanto más nos acercamos, mas camino nos queda por recorrer, pero cada vez sumamos más firmeza y felicidad. Termino diciendo el viejo mientras sus ojos verdes se sensibilizaban de emoción.
- Usted está loco dijo el joven descreído. Para ser feliz se necesita mucho más que sentarse a escribir. Sino todo el mundo sería feliz.
- El viejo se llevo la mano al mentón. Me permito decir que, a mi modo de ver, se necesita mucha valentía para ser feliz. Que no es una cuestión de los acontecimientos que la vida nos pone enfrente, sino que es con que filosofía de vida afrontamos esos acontecimientos. Ser feliz, no significa nunca sentir pena. Por supuesto que ante una perdida irremediable vamos a sentir pena y que nunca vamos a ser los mismos, pero está en cada uno recordar esa falta de manera pesimista, siempre haciéndonos dar cuenta de cuánto lo necesitamos, o de manera positiva, recordando los buenos momentos y agradeciéndoles a dios la posibilidad de haber conocido a lo que ahora tanto extrañamos, y hasta con una dosis de perdón y sabiduría, por no haber disfrutado al máximo del tiempo.
- El joven se fue permitiendo pensar más y realizó una pregunta seria. ¿Y cuál es el mejor momento para construir nuestro tiempo? Pregunto serio.
- El presente. Nadie puede asegurar el futuro, pero si cada uno de nosotros se puede asegurar un pasado feliz, pues como dijo Mary Weeb, somos el pasado de mañana. La única manera de construir pasado es con presente.
- Una pregunta: ¿porque hay gente que habiendo estudiado tanto y teniendo tantos conocimientos tampoco logra ser feliz? Pregunto el joven motivado.
- Muy buena pregunta, dijo el viejo. Hace unos días leí una frase que me cautivo. Decía: El conocimiento consiste en una herramienta para ganarse la vida. En en cambio, la sabiduría, consiste en la manera en que se enfrenta la vida. No es lo mismo ser sabio que ser intelectual o profesional, aunque pueden coexistir. Pero solo el sabio sabe ser feliz. Y la sabiduría no se aprende en ningún sitio, se comprende y se asimila a lo largo de nuestras vidas. A algunos les llega con tocar fondo, a otros les llega día a día, sin necesidad de arribar a un extremo. El diccionario de lengua española define a la sabiduría como la conducta prudente en la vida. Y define a la prudencia como una virtud que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo para seguirlo o huir de ello. En sintonía, Dante Alighieri dijo que el hombre que más dicha alcanza obrando el bien, es el que cuando de día en día en el camino de la virtud avanza. Nuestras vidas requieren el arte de la felicidad, lo que no es más que esa virtud de la que habló Dante. Ramón Gómez de la Serna dijo que el reloj no existe en las horas felices. A mí me merece la opinión de que es porque estamos disfrutando de nuestro tiempo. Y es este el punto importante de esta charla: el tiempo. El tiempo es lo que nosotros queremos que sea. Dicha o pena. Míranos sino: Dos presos, que en vez de gastar sus mañanas hablando de la universidad de delito, nos tomamos el tiempo de filosofar. Y mírate: que siempre te resistís a dejarte fluir en el camino de conocerte a vos mismos, pero siempre termino por cautivar tu curiosidad. Si perdemos el tiempo nos perdemos a nosotros mismos. Y ¿Cómo se llama el que se pierde a sí mismo? No tiene nombre. El tiempo tiene una relación directa con la felicidad. Y he aquí una gran atención sobre lo que adquirimos a lo largo de nuestras vidas, que, como dijo Víctor Hugo, no hacer nada es la felicidad de los niños y la desgracia de los ancianos.
- ¿A qué se debe eso? Interrumpió el joven
- A mi parecer esta frase quiere decir que a ese niño todavía no le enseñaron que no está haciendo nada. Por eso el simplemente disfruta, y venga bien para el caso, está haciendo con su tiempo lo más importante que hay que hacer: disfrutar de lo que se hace. En fin: está haciendo, está viviendo sin condicionamientos.
- ¿Y cómo logramos ser felices? Pregunto entusiasmado el joven.
- Hacer del tiempo lo que a uno le gusta consiste en una buena manera de ser feliz. Y solo lo logra quien verdaderamente se esfuerza en lograrlo. Ahora bien: Podríamos enumerar una serie de ítems que necesitamos para ser felices. Familia, salud, amor y amistad, comunicación, libertad y justicia, trabajo y dinero. Pero, si prestamos atención también veremos que todas estas prioridades tienen un denominador común. El tiempo que le dedicamos y como lo utilizamos para lograr una cosa o su contrapartida. La felicidad, insisto, requiere de estrategia y de tiempo. Y he aquí las sabias palabras de Lao Tse: “El tiempo es difícil de encontrar y fácil de perder”. Lo cual entiendo, la felicidad, también es difícil de encontrar y fácil de perder, pues si no, no sería valiosa, al igual que el tiempo. Jean Paul Sartre afirmo que se habla mucho del famoso transcurso del tiempo, pero nadie lo ve. Tratando de entender esta frase, encuentro que siempre nos chocamos con el paso del tiempo. Es decir: Nos sorprendemos del crecimiento o del envejecimiento, pero nunca atendemos al transcurso. Eso se debe a la velocidad con que vivimos nuestras vidas, que no somos capaces de sensibilizarnos en atención al paso del tiempo. Ahora sí, pregunto yo: ¿Qué es el tiempo? ¿Existe el tiempo? O es una mera idea que nos corre y nos apura. Pensemos en lo que pensaron los grandes pensadores de la historia, dijo el viejo: ¿El tiempo es un consejo? Plutarco dijo: Confía en el tiempo, es el más sabio de todos los consejeros. También dotoievski coincidió diciendo: confía en el tiempo, el lo arregla todo. ¿Cuándo termina el tiempo?...Marcel Proust opinó que después de la muerte el tiempo se retira del cuerpo. ¿Hay algo más largo que el tiempo?, si aún la eternidad necesita de tiempo. ¿Hay algo más corto que el tiempo? Si nunca nos alcanza para cumplir todos nuestros proyectos. Voltaire dijo: nada es más lento para el que espera…nada es más rápido para el que goza. Repito la pregunta: ¿Qué es el tiempo? Miguel de Unamuno, dijo: no es el ahora, en rigor otra cosa que el esfuerzo del antes por hacerse después…no es el presente sino el empeño del pasado por hacerse después…el ahora es un punto que no bien pronunciado se disipa. Entonces, ante estas reflexiones, me cabe pensar que el tiempo es constancia, es perseverancia y es voluntad.
Pero sigamos indagando…
¿Quién hace importante a quien? ¿El tiempo a las personas o las personas al tiempo? Saint Exupery dijo que es el tiempo que has perdido con tu rosa lo que la hace tan importante. Ahora bien: ¿el tiempo nos pertenece? O es algo más de lo que los seres humanos nos adueñamos porque si, dándonos el lujo de malgastarlo. Ante este interrogante, Mahatma Gandhi aseveró. “No tenéis derecho a despilfarrar ni un grano de sal, ni un trozo de papel y lo mismo ocurre con un minuto de nuestro tiempo.
Surge así otro interrogante ¿Cuál es el tiempo perdido? ¿El que dormimos?, ¿el que trabajamos en algo que no nos gusta?, ¿el que perdemos en la cola cuando vamos a pagar impuestos? El que usamos para escribir algo cuyo fin es el tacho de basura? A mi modo de ver, el único tiempo perdido es el que no se emplea en ser feliz.
Y ¿qué es la felicidad? Pienso que es el trato que nos damos, creo que somos hoy lo que nos dimos ayer y seremos mañana lo que nos dimos hoy. Es decir, como dijo Rabelais: “cada uno es heredero de sí mismo”
Surge entonces otra pregunta, siguió cavilando el viejo. ¿Cómo hacemos para usar nuestro tiempo en ser felices cuando tenemos problemas? Enrique Rojas, responde esto diciendo que la felicidad no consiste en vivir sin problemas, sino en saber vivir con esos problemas. Es el arte de sacarle a la vida el máximo partido posible.
¿Cuánto tiempo necesitamos para alcanzar la felicidad? Runbeck dijo: la felicidad no es una estación a la que se llega, sino una manera de viajar.
Entonces, podríamos decir que el tiempo también es una manera de viajar. Que el tiempo consiste en el hacer, no en el terminar. Y si el tiempo es una manera de viajar por la vida y somos nosotros lo que decidimos vivir de tal o cual manera, entonces somos nosotros mismos el mismísimo tiempo. Somos nuestro propio reloj. ¿Y si somos nuestro tiempo? ¿Quién perece primero? ¿Nosotros o el tiempo? ¿dejamos de existir cuando no tenemos más tiempo o abandonamos el tiempo cuando dejamos de existir?, siguió preguntándose el viejo sumido en una profunda reflexión. Joaquín María Machado de Asís dijo: Nosotros matamos al tiempo, pero él nos entierra.
- Claro! Dijo el joven contento de poder aportar algo a la charla. Es como la frase que aparece en una canción de La Renga: “Es que la muerte esta tan segura de vencer que nos da toda una vida de ventaja”.
- Muy buena interpretación, respondió el viejo. Como siguiente pregunta, entonces ¿El tiempo es el camino que la muerte nos da de ventaja? Seguramente habrá quien piense que si y quien que no. Pero no podemos negar que ese camino de ventaja que tenemos que transitar antes de llegar a la muerte se merece que intentemos vivirlo felizmente. Porque todos vamos a morir algún día, pero nuestra libertad en el uso del tiempo consiste en que podemos sentarnos a esperar la muerte o salir a andar por la aventura de la vida y encontrarla transitando el camino que tenemos de ventaja, se dijo a sí mismo el viejo recordando que estaba encerrado en una celda… pero a mi parecer, una hermosa manera de transitar el camino es escribiendo, dijo para complacerse, porque es mediante esta actividad que estamos descubriéndonos constantemente a nosotros mismos. No hay mejor forma que desnudar al alma que escribiendo, repitió dos veces queriendo convencer al joven.
- Te hago una pregunta, dijo el joven mientras prendía otro cigarrillo. ¿Cómo haces para vivir tan entusiasmado dentro de esta celda? Yo trato de hacerlo, pero siento que vos siempre estas más motivado.
- El viejo se tomo unos segundos para responder. Luego dijo: será porque elijo mis pensamientos. Me tomo la tarea de ahuyentar los negativos y bien recibir los positivos…volvió a hacer una pausa de unos segundos y pregunto:¿sabes que significa estar entusiasmado?
- Si, dijo el joven. Es estar con ganas…
- Por supuesto, afirmo el viejo. Pero en realidad, entusiasmado viene del griego “en – theos”, lo que significa “en dios”. Es decir, los griegos llamaban entusiasmados a los hombres que llevaban a dios dentro.
- Buen!... dijo el joven. Igual esta es la casa del diablo, acá no habita dios.
- Puede ser que dios no habite en esta cárcel. Como así tampoco habita en las iglesias. Dios habita dentro de uno.
- ¿entonces para que existen las iglesias? Dijo con tono incrédulo el joven.
- Buena pregunta. Existen para servir como punto de reunión. Están diseñadas para brindar un ambiente sereno y silencioso para encontrar mejor al dios que llevamos dentro.
- Empezamos hablando del tiempo y terminamos hablando de dios, dijo el joven.
- Será porque son parte de lo mismo. Ambos se necesitan.
En ese instante la charla se cortó por el paso del guardia cárcel, quien luego de golpear los fierros de la celda con su barrote, dijo: como pierden el tiempo ustedes hablando y pensando boludeces. Habría que mandarlos a picar piedra así aprenden a aprovechar el tiempo.
Ni bien si fue el guardia el viejo finalizó: como se nota que este ñato nunca leyó filosofía: Heidegger (un pensador que no me gusta pero que tengo en cuenta) le hubiese dicho que el tiempo "persiste sólo como una consecuencia de los acontecimientos que ocurren en él". ¿Y que persiste al acontecimiento de picar piedra? No se me ocurre otra cosa que lo que se piensa mientras se pica la piedra.
Ahora sí: voy a dejar algunas preguntas en el tintero: ¿si el tiempo existe, cuando empieza a transcurrir? ¿Que había antes de que el tiempo existiera? ¿Más tiempo? Si la vida tiene un tiempo? Entonces la eternidad tiene otro? ¿Por qué siempre nos preguntamos que hay después de la muerte? Porque no nos preguntamos que había antes de la vida? ¿Acaso será lo mismo? ¿No será que tenemos la respuesta tan clara que no la vemos?
A la mañana siguiente, antes de comenzar con el tema de agenda, el viejo le preguntó al joven: ¿y que pensaste de lo que hablamos ayer? ¿Te quedo una idea más acabada del tiempo?
Si, dijo cabizbajo el joven. Me di cuenta que el tiempo no es más ni menos que lo que le quite al chico que maté esa noche de furia.
El aire pareció cortarse en la celda y todo se convirtió en pena.
El viejo no dijo nada, pero se acordó que él también, aunque no dolosamente, había cortado el paso del tiempo en la vida de una persona.