domingo, 12 de septiembre de 2010

Estado de excepción típico .

Legalizar no significa definitivamente descontrolar, por el contrario, significa controlar, regularizar, administrar, manejar, en fin: tener acceso al tema.
La ilegalidad solo sirve para sembrar de violencia tierras anárquicas repletas de grupos que pujan por el poder de lo que el estado abandona, pudiendo encontrarse en estos casos solo cosechas de crímenes y muertes. La prohibición es el alimento que ya no necesita el animal y deja para que las aves de carroña hagan de las suyas.
Legalizar la droga consiste en tomar las riendas de un flagelo, conservando, en parte, por supuesto, cierta prohibición, pero habilitando, para ciertos casos debidamente certificados por el estado, la venta, solo en establecimientos permitidos y a precio de mercado legal.
¿Seguiría existiendo el narcotráfico? , si pero sería menor la necesidad de los usuarios de drogas de acceder a la drogas mediante procedimientos ilegales, con todo el riesgo que eso conlleva.
Debemos aprender que es la mente de la gente lo que hay que educar, no prohibir sustancias, ya que inmediatamente se apertura un mercado ilegal.
Entrando en tema: ¿Por qué se habla solo de legalizar la marihuana y nos las demás drogas?
A primera vista parece ser un acceso tímido y dubitativo del estado para con un tema que, claramente, lo desborda. ¿Que lógica tiene buscar empezar a talar un árbol por la rama más fina? Si se va a intentar resolver un problema debe hacerse impetuosamente, no superfluamente, pareciendo solo querer encontrar un sello de “progre” para cuestiones temporales o de turno. Legalizar entiende acerca de un tema mucho más profundo que cuestiones pertenecientes al sostenimiento de carteles de sellos políticos que lo único que hacen es cansarle los brazos al estado, por sostenerlos sin sentido. Legalizar es habilitar madurez a la sociedad. Es que de una vez por todo el poder público se anime a enfrentar de manera preventiva un flagelo que lastima a todas las clases sociales. Legalizar no es permitir. Es la voz del estado diciendo acá mando yo. Y estas sustancias que tanto daño hacen, la voy a administrar yo, no narcotraficantes.
El primer paso para solucionar un problema es reconocerlo, no ocultarlo y prohibirlo, dejando que actué, desde la clandestinidad, como imán criminalizante para con personas vulnerables. Que mejor manera de reconocer un problema que ponernos a pensar en una ley que acorrale a los narcotraficantes, simplemente sacándole el negocio de sus manos. Claro que estas líneas no versan sobre eliminar totalmente la punibilidad, sino que, a lo largo de la explicación, se hablará de lo importante que es concentrar la energía en otros organismos del estado. La intención seria anticiparse a lo ilegal ¿Cómo? Mediante la legalidad instructiva, no la prohibición facilista. Claro que es más redituable si es prohibido, pues el estado no puede meter sus intenciones más que con el poder de policía, lo que no parece ser muy útil a la sociedad.
¿Qué tal si convertido en legal el negocio de la droga se le cobra considerables impuestos a su venta destinándose la recaudación a la persecución del remanente del negocio ilegal y a la manutención de hogares dignos de ayuda medica para los adictos? ¿ que tal si en vez de prohibir nos dedicamos a enseñar y aprender?
Diseñar políticas ejecutivas, sacar al poder judicial de este tema, pues no tiene potestad preventiva ni de aplicación general futura, o sea: hay que crear leyes acordes a la realidad imperante.
La ilegalidad es la postura estatal mas vaga e irresponsable para enfrentar un problema, pues no hay mas nada que hacer, solo punir y punir. Estamos ante la creación del enemigo social narcotráfico, y: ¿Qué mejor que tener un enemigo al que echarle todas las culpas y, de ese modo, eximirnos de responsabilidad en la tarea preventiva y posterior? Queda en evidencia una posición facilista de auto victimizarse para no enfrentar verdaderamente el problema. Cuánto trabajo se ahorra el estado.
Insisto: Creo que es hora de darnos cuenta que legalizar no es dejar que se haga lo que se quiera, sino que es decir de qué manera y como se va a hacer. Prohibir es dejar hacer lo que se quiera a las espaldas de uno. Es una confesión de incapacidad de regular una situación de hecho candente. Es apagar el fuego con nafta. Sería importante darnos cuenta de lo importante de armar un buen mecanismo de creación de derechos. Apunto en este sentido a mencionar un tema importante de este breve artículo: La violación de derechos no por comisión, sino por omisión, debido a que el estado es garante de todas las personas que criminaliza por no tener la aptitud de regularizar, por lo que menciono aquí el remedio legal que fue puntapié de todo estas líneas: El estado de excepción típico. ¿De qué se trata? De todos esos delitos que el estado tipificó por vagancia de tareas preventivas y de abordaje desde otras áreas que, por naturaleza, necesitan de más presupuesto y no tienen el mismo maquillaje político de dar sensación a acción del estado sobre el delito. ¿Qué principia este estado? Que ante el reconocimiento del estado de excepción, se moldeé la ley y se aplique retroactivamente según la nueva dosis de beneficio imputada y, obviamente, sea imperativa a futuro.
Debería espantarnos que el legislador prohíba por prohibir, pues nos está reconociendo en la cara su falta de creatividad para dar soluciones sociales y, a la vez, está haciendo entrar al estado en una situación legal y permitida, pero, que de hecho, y subrepticiamente lo impulsa a cometer violaciones a los derechos de sus ciudadanos por omisión, ya que omite dar el marco de desarrollo sustentable a personas que el mismo sistema torna vulnerables, dado que, al prohibir, inmediatamente se le esta allanando el camino al mercado ilegal para que hagas de las suyas: acosos, violaciones, asesinatos, esclavitud, etc.
¿Cuántos señores de la droga dejarían de amasar fortunas? ¿Al capone hubiese sido conocido si el alcohol hubiese estado regulado en esa época?
Las leyes deben responder oportunamente a las necesidades sociales. Estamos ante una suprema necesidad de descriminalizar este asunto y resolverlo por las vías correspondientes, como el área de salud, economía, desarrollo social, etc.
¿Por qué la sociedad es tímida en un reclamo de descriminalizar solo la marihuana? Abramos los ojos: Proponer un nuevo diseño político, armar un ente regulador, un ente de certificación y un ente para consumidores autorizados en debidos sitios controlados por el estado y, por supuesto, seguir puniendo la venta ilegal remanente.
No sigamos apretando la morsa. No pongamos más rejas. Rediseñemos este modelo punitivo aplicado al caso y evaluemos la posibilidad de un mecanismo preventivo y reparatorio en el que se tutele a los consumidores y se los proteja con debidos controles de calidad.
Actualmente se habla de permitir el consumo y punir el tráfico. ¿Qué incoherencia más grande es esta? Es como permitir comer carne vacuna pero prohibir matar vacas y los frigoríficos.
Parece como una invitación a la avivada que premia al que mejor soslaya la autoridad del estado. Es decir: se puede hacer, pero no nos podemos enterar. Y mientras tanto, que mueran más y más jóvenes y que las cárceles rebalsen.
Esta política lo único que logra es que cada vez existan más mataderos ilegales donde se matan vacas sin control alguno y se esclaviza a los empleados, con el riesgo, claro, de que, además, después vendan carne descompuesta o, peor aún, que vendan otro tipo de carne mas nociva haciéndola pasar por carne vacuna.
Cabe aclarar que estas líneas distan de ser un aporte abolicionista. Por el contrario, es un pensamiento netamente intervencionista que intenta abrir el abanico de ataque a esta cuestión, no quedándose en el sencillo invento del enemigo narcotráfico.
Esta idea de tomar el toro por las astas consiste en propiciar el armado de un quirófano jurídico para extirpar el problema.
Este criterio debe aceptar críticas constructivas, invitando a una confrontación generadora de ideas. Es un punto de vista que no se posa en el problema, sino en su solución.
Observemos, entre otros, a México. Este país es la puerta para meter la droga en EEUU, la sociedad que más consume drogas en el mundo entero. Actualmente la Argentina, junto a Brasil, tomó un preponderancia importante como país de transito de la droga hacia Europa. ¿Qué más que mirar la realidad social mexicana? ¿A eso queremos llegar?
De una vez por todas debe el estado dejar de fomentar, mediante la omisión prohibitiva, formas de vida vejatorias y comercios ilegales, pues ser drogadicto ya es problema suficiente como para adjuntarle el de la criminalidad.
Es hora de que el estado se repregunte su función y que realice un auto asepsia de las leyes prohibitivas, en búsqueda de una buena performance legal que sea de utilidad social, no penitenciaria.
El estado ha de rejuvenecer el valor vida y libertad de manera preventiva no mediante medidas de seguridad excluyentes. Debe quitar de las manos este negocio a los narcotraficantes legalizándolo de manera razonada, paulatina y gradual, pues semejante cambio no puede darse de manera repentina.
No porque sea legal se va a dejar que cualquiera lo haga. Por el contrario la idea de sacar la frontera entre lo prohibido y lo permitido consiste en vigilar de cerca el asunto

Nicolás Brum

lunes, 26 de julio de 2010

Cuentos Penales

El más joven de los dos presidiarios se despertó a las siete en punto. Se paró de la cama, agarro el lápiz y tachó un día más en el almanaque que colgaba en la única pared sin humedad.
- ¿hago mate? Le pregunto a su amigo y compañero de celda, apodado el viejo filósofo, que ya estaba despierto en la parte de arriba de la cama cucheta.
- Por supuesto. La mateína es indispensable para activar las ideas.
- ¿De que será la clase de hoy? Pregunto el joven mientras hacía pis en el retrete que estaba en la parte final de la celda más grande de la penitenciaria.
- Del tiempo, dijo el filosofo luego de bostezar y ya sentado en la mesita de madera.
- ¿Que me vas a enseñar sobre meteorología? Pregunto el joven riéndose mientras vigilaba la pava apoyada sobre la hornalla de la garrafa.
- ¡No! Respondió el profesor. Hablaremos del paso del tiempo en la vida. ¿Qué es para vos el tiempo? Pregunto de inmediato
- Tachar los días en el almanaque esperando que llegue mi libertad.
- Mira, dijo cuando ya estaban los dos sentados tomando mate haciendo uso del privilegio de no salir a formar fila ganado por la buena conducta interna. El tiempo es la vida, por lo que, para definirlo, tenemos que comenzar haciéndolo con la vida.
- ¿Y que es la vida? pregunto el joven.
- El filosofo abrió el diccionario de lengua española. Vida. (Del lat. vita). . Fuerza o actividad interna sustancial, mediante la que obra el ser que la posee. Unión del alma y del cuerpo. 6. Modo de vivir en lo tocante a la fortuna o desgracia de una persona 9. Conducta o método de vivir con relación a las acciones de los seres racionales. 11. Relación o historia de las acciones notables ejecutadas por una persona durante su vida. S .Estado de la gracia y proporción para el mérito de las buenas obras.
- Bien, continuó, por último la definición que nos interesa al tema de hoy: Espacio de tiempo que transcurre desde el nacimiento hasta la muerte
Como podes observar, dijo el viejo luego de prender un cigarrillo armado, en todas las definiciones aparece un denominador común. Y es el modo, la fuerza, la relación, el espacio, la conducta o el estado que cada uno de nosotros le imprimimos a la vida.
- De todos modos nosotros en esta celda no tenemos mucho para imprimir. A mí no me queda más que tachar días viendo cómo pasa el tiempo, sentenció el joven con tono negativo.
- ¡Bien! He aquí la primera observación. No es donde está uno, sino como esta uno. No es con cuanto tiempo contamos, sino como lo administramos. Si la vida fuese infinita, es decir, ilimitada, no tendríamos que poseer el mismo nivel de responsabilidad con nosotros mismos para ser felices, pues siempre tendríamos tiempo para remediar cualquier situación. En cambio, como nuestras vidas son finitas e inciertas, estamos obligados a auto abastecernos de felicidad, mediante estrategias sabias que nos permitan correr la carrera de la vida.
- ¿Carrera de la vida? pregunto el joven. ¿Qué clase de carrera tenemos en esta celda?
- La carrera de la vida comienza todos los días dentro de nosotros cuando nos levantamos y termina todas las noches cuando nos acostamos. Nunca se llega a ningún lado, más que a la muerte. Te repito: nos es donde está uno, sino como esta en ese lugar.
- Si, bla, bla, bla, dijo el joven. Pero yo solo quiero llegar en la carrera.
- Ese es tu error. Por eso no consigues paz interior. O no te he comentado el dicho que dice que mientras el tonto piensa en llegar, el inteligente solo quiere seguir corriendo. Porque eso es la vida. Un camino. Y la carrera es con nosotros mismos, contra nuestra pereza, abulia, indecisión e incredulidad. Porque al ser finita la vida y poder terminarse en este mismo instante, siempre nos impone el deber del esfuerzo por ser felices, hoy, ahora.
- ¡Pero en esta celda yo no puedo ser feliz!
- ¡Si puedes! La felicidad se elige, es una decisión.
- No me la creo. Más bien pienso que seré feliz en un futuro, cuando me den la libertad.
- Escucha: Hay otro dicho, de Anato Le France, que dice que el futuro es solo un cómodo lugar donde depositar los sueños. Mas pienso yo, que la realización del sueño comienza en el tiempo presente. Todas nuestras energías deben confluir en él, para que se logre. La vida, como todo camino, requiere de búsquedas. Pero esta búsqueda, nunca termina. Y, como dijo Oscar Wilde, cuando un hombre dice que ha agotado la vida, se sobreentiende siempre que es la vida la que le ha agotado a él. Por eso, estoy convencido que, en esta búsqueda, la edad es una cuestión mental, y, pareciera ser, que hoy en día, hay tantos jóvenes con actitud de viejos resignados como tantos viejos con actitud de jóvenes motivados, que nunca se cansan de buscar y explorar su alma.
- ¿Te réferis a mi? dijo el joven con tono altanero.
- Al que le quepa el saco que se lo ponga, contesto el viejo. Y siguió diciendo: En la vida, basta solo con una cuota de sensibilidad para deleitarse e introducirse en un estado de éxtasis natural que nos permite, mediante el contacto con la naturaleza, descubrir nuevas sensaciones y nuevos pensamientos.
- ¿Y cuál es tu método para no perder el tiempo en esta celda? Interrogó un tanto más atento el joven, como queriendo descubrir la formula.
- La escritura y la lectura, dijo el viejo mirando fijamente al joven.
- ¡Ah! Con razón te la pasas escribiendo o leyendo.
- Mira: dijo el viejo. Considero que escribir es tener pleno contacto con la naturaleza. La naturaleza más salvaje e inhóspita que hayamos conocido: Nosotros mismos. Basta solo con que cualquiera de nosotros agarre una hoja y una pluma para que, dejando fluir su sensibilidad, escriba cosas que nunca se hubiese imaginado capaz de escribir o siquiera sabía que las conocía. La pluma y el papel es herramienta más eficaz para derribar los muros de la cárcel que un pico y un martillo. Es la mejor fuga. Es un escape hacia uno mismo. Escribir nos ayuda a explorarnos. Y solo mas escribe quien más curioso de sí mismo es. Somos nuestro propio horizonte. Cuanto más nos acercamos, mas camino nos queda por recorrer, pero cada vez sumamos más firmeza y felicidad. Termino diciendo el viejo mientras sus ojos verdes se sensibilizaban de emoción.
- Usted está loco dijo el joven descreído. Para ser feliz se necesita mucho más que sentarse a escribir. Sino todo el mundo sería feliz.
- El viejo se llevo la mano al mentón. Me permito decir que, a mi modo de ver, se necesita mucha valentía para ser feliz. Que no es una cuestión de los acontecimientos que la vida nos pone enfrente, sino que es con que filosofía de vida afrontamos esos acontecimientos. Ser feliz, no significa nunca sentir pena. Por supuesto que ante una perdida irremediable vamos a sentir pena y que nunca vamos a ser los mismos, pero está en cada uno recordar esa falta de manera pesimista, siempre haciéndonos dar cuenta de cuánto lo necesitamos, o de manera positiva, recordando los buenos momentos y agradeciéndoles a dios la posibilidad de haber conocido a lo que ahora tanto extrañamos, y hasta con una dosis de perdón y sabiduría, por no haber disfrutado al máximo del tiempo.
- El joven se fue permitiendo pensar más y realizó una pregunta seria. ¿Y cuál es el mejor momento para construir nuestro tiempo? Pregunto serio.
- El presente. Nadie puede asegurar el futuro, pero si cada uno de nosotros se puede asegurar un pasado feliz, pues como dijo Mary Weeb, somos el pasado de mañana. La única manera de construir pasado es con presente.
- Una pregunta: ¿porque hay gente que habiendo estudiado tanto y teniendo tantos conocimientos tampoco logra ser feliz? Pregunto el joven motivado.
- Muy buena pregunta, dijo el viejo. Hace unos días leí una frase que me cautivo. Decía: El conocimiento consiste en una herramienta para ganarse la vida. En en cambio, la sabiduría, consiste en la manera en que se enfrenta la vida. No es lo mismo ser sabio que ser intelectual o profesional, aunque pueden coexistir. Pero solo el sabio sabe ser feliz. Y la sabiduría no se aprende en ningún sitio, se comprende y se asimila a lo largo de nuestras vidas. A algunos les llega con tocar fondo, a otros les llega día a día, sin necesidad de arribar a un extremo. El diccionario de lengua española define a la sabiduría como la conducta prudente en la vida. Y define a la prudencia como una virtud que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo para seguirlo o huir de ello. En sintonía, Dante Alighieri dijo que el hombre que más dicha alcanza obrando el bien, es el que cuando de día en día en el camino de la virtud avanza. Nuestras vidas requieren el arte de la felicidad, lo que no es más que esa virtud de la que habló Dante. Ramón Gómez de la Serna dijo que el reloj no existe en las horas felices. A mí me merece la opinión de que es porque estamos disfrutando de nuestro tiempo. Y es este el punto importante de esta charla: el tiempo. El tiempo es lo que nosotros queremos que sea. Dicha o pena. Míranos sino: Dos presos, que en vez de gastar sus mañanas hablando de la universidad de delito, nos tomamos el tiempo de filosofar. Y mírate: que siempre te resistís a dejarte fluir en el camino de conocerte a vos mismos, pero siempre termino por cautivar tu curiosidad. Si perdemos el tiempo nos perdemos a nosotros mismos. Y ¿Cómo se llama el que se pierde a sí mismo? No tiene nombre. El tiempo tiene una relación directa con la felicidad. Y he aquí una gran atención sobre lo que adquirimos a lo largo de nuestras vidas, que, como dijo Víctor Hugo, no hacer nada es la felicidad de los niños y la desgracia de los ancianos.
- ¿A qué se debe eso? Interrumpió el joven
- A mi parecer esta frase quiere decir que a ese niño todavía no le enseñaron que no está haciendo nada. Por eso el simplemente disfruta, y venga bien para el caso, está haciendo con su tiempo lo más importante que hay que hacer: disfrutar de lo que se hace. En fin: está haciendo, está viviendo sin condicionamientos.
- ¿Y cómo logramos ser felices? Pregunto entusiasmado el joven.
- Hacer del tiempo lo que a uno le gusta consiste en una buena manera de ser feliz. Y solo lo logra quien verdaderamente se esfuerza en lograrlo. Ahora bien: Podríamos enumerar una serie de ítems que necesitamos para ser felices. Familia, salud, amor y amistad, comunicación, libertad y justicia, trabajo y dinero. Pero, si prestamos atención también veremos que todas estas prioridades tienen un denominador común. El tiempo que le dedicamos y como lo utilizamos para lograr una cosa o su contrapartida. La felicidad, insisto, requiere de estrategia y de tiempo. Y he aquí las sabias palabras de Lao Tse: “El tiempo es difícil de encontrar y fácil de perder”. Lo cual entiendo, la felicidad, también es difícil de encontrar y fácil de perder, pues si no, no sería valiosa, al igual que el tiempo. Jean Paul Sartre afirmo que se habla mucho del famoso transcurso del tiempo, pero nadie lo ve. Tratando de entender esta frase, encuentro que siempre nos chocamos con el paso del tiempo. Es decir: Nos sorprendemos del crecimiento o del envejecimiento, pero nunca atendemos al transcurso. Eso se debe a la velocidad con que vivimos nuestras vidas, que no somos capaces de sensibilizarnos en atención al paso del tiempo. Ahora sí, pregunto yo: ¿Qué es el tiempo? ¿Existe el tiempo? O es una mera idea que nos corre y nos apura. Pensemos en lo que pensaron los grandes pensadores de la historia, dijo el viejo: ¿El tiempo es un consejo? Plutarco dijo: Confía en el tiempo, es el más sabio de todos los consejeros. También dotoievski coincidió diciendo: confía en el tiempo, el lo arregla todo. ¿Cuándo termina el tiempo?...Marcel Proust opinó que después de la muerte el tiempo se retira del cuerpo. ¿Hay algo más largo que el tiempo?, si aún la eternidad necesita de tiempo. ¿Hay algo más corto que el tiempo? Si nunca nos alcanza para cumplir todos nuestros proyectos. Voltaire dijo: nada es más lento para el que espera…nada es más rápido para el que goza. Repito la pregunta: ¿Qué es el tiempo? Miguel de Unamuno, dijo: no es el ahora, en rigor otra cosa que el esfuerzo del antes por hacerse después…no es el presente sino el empeño del pasado por hacerse después…el ahora es un punto que no bien pronunciado se disipa. Entonces, ante estas reflexiones, me cabe pensar que el tiempo es constancia, es perseverancia y es voluntad.
Pero sigamos indagando…
¿Quién hace importante a quien? ¿El tiempo a las personas o las personas al tiempo? Saint Exupery dijo que es el tiempo que has perdido con tu rosa lo que la hace tan importante. Ahora bien: ¿el tiempo nos pertenece? O es algo más de lo que los seres humanos nos adueñamos porque si, dándonos el lujo de malgastarlo. Ante este interrogante, Mahatma Gandhi aseveró. “No tenéis derecho a despilfarrar ni un grano de sal, ni un trozo de papel y lo mismo ocurre con un minuto de nuestro tiempo.
Surge así otro interrogante ¿Cuál es el tiempo perdido? ¿El que dormimos?, ¿el que trabajamos en algo que no nos gusta?, ¿el que perdemos en la cola cuando vamos a pagar impuestos? El que usamos para escribir algo cuyo fin es el tacho de basura? A mi modo de ver, el único tiempo perdido es el que no se emplea en ser feliz.
Y ¿qué es la felicidad? Pienso que es el trato que nos damos, creo que somos hoy lo que nos dimos ayer y seremos mañana lo que nos dimos hoy. Es decir, como dijo Rabelais: “cada uno es heredero de sí mismo”
Surge entonces otra pregunta, siguió cavilando el viejo. ¿Cómo hacemos para usar nuestro tiempo en ser felices cuando tenemos problemas? Enrique Rojas, responde esto diciendo que la felicidad no consiste en vivir sin problemas, sino en saber vivir con esos problemas. Es el arte de sacarle a la vida el máximo partido posible.
¿Cuánto tiempo necesitamos para alcanzar la felicidad? Runbeck dijo: la felicidad no es una estación a la que se llega, sino una manera de viajar.
Entonces, podríamos decir que el tiempo también es una manera de viajar. Que el tiempo consiste en el hacer, no en el terminar. Y si el tiempo es una manera de viajar por la vida y somos nosotros lo que decidimos vivir de tal o cual manera, entonces somos nosotros mismos el mismísimo tiempo. Somos nuestro propio reloj. ¿Y si somos nuestro tiempo? ¿Quién perece primero? ¿Nosotros o el tiempo? ¿dejamos de existir cuando no tenemos más tiempo o abandonamos el tiempo cuando dejamos de existir?, siguió preguntándose el viejo sumido en una profunda reflexión. Joaquín María Machado de Asís dijo: Nosotros matamos al tiempo, pero él nos entierra.
- Claro! Dijo el joven contento de poder aportar algo a la charla. Es como la frase que aparece en una canción de La Renga: “Es que la muerte esta tan segura de vencer que nos da toda una vida de ventaja”.
- Muy buena interpretación, respondió el viejo. Como siguiente pregunta, entonces ¿El tiempo es el camino que la muerte nos da de ventaja? Seguramente habrá quien piense que si y quien que no. Pero no podemos negar que ese camino de ventaja que tenemos que transitar antes de llegar a la muerte se merece que intentemos vivirlo felizmente. Porque todos vamos a morir algún día, pero nuestra libertad en el uso del tiempo consiste en que podemos sentarnos a esperar la muerte o salir a andar por la aventura de la vida y encontrarla transitando el camino que tenemos de ventaja, se dijo a sí mismo el viejo recordando que estaba encerrado en una celda… pero a mi parecer, una hermosa manera de transitar el camino es escribiendo, dijo para complacerse, porque es mediante esta actividad que estamos descubriéndonos constantemente a nosotros mismos. No hay mejor forma que desnudar al alma que escribiendo, repitió dos veces queriendo convencer al joven.
- Te hago una pregunta, dijo el joven mientras prendía otro cigarrillo. ¿Cómo haces para vivir tan entusiasmado dentro de esta celda? Yo trato de hacerlo, pero siento que vos siempre estas más motivado.
- El viejo se tomo unos segundos para responder. Luego dijo: será porque elijo mis pensamientos. Me tomo la tarea de ahuyentar los negativos y bien recibir los positivos…volvió a hacer una pausa de unos segundos y pregunto:¿sabes que significa estar entusiasmado?
- Si, dijo el joven. Es estar con ganas…
- Por supuesto, afirmo el viejo. Pero en realidad, entusiasmado viene del griego “en – theos”, lo que significa “en dios”. Es decir, los griegos llamaban entusiasmados a los hombres que llevaban a dios dentro.
- Buen!... dijo el joven. Igual esta es la casa del diablo, acá no habita dios.
- Puede ser que dios no habite en esta cárcel. Como así tampoco habita en las iglesias. Dios habita dentro de uno.
- ¿entonces para que existen las iglesias? Dijo con tono incrédulo el joven.
- Buena pregunta. Existen para servir como punto de reunión. Están diseñadas para brindar un ambiente sereno y silencioso para encontrar mejor al dios que llevamos dentro.
- Empezamos hablando del tiempo y terminamos hablando de dios, dijo el joven.
- Será porque son parte de lo mismo. Ambos se necesitan.
En ese instante la charla se cortó por el paso del guardia cárcel, quien luego de golpear los fierros de la celda con su barrote, dijo: como pierden el tiempo ustedes hablando y pensando boludeces. Habría que mandarlos a picar piedra así aprenden a aprovechar el tiempo.
Ni bien si fue el guardia el viejo finalizó: como se nota que este ñato nunca leyó filosofía: Heidegger (un pensador que no me gusta pero que tengo en cuenta) le hubiese dicho que el tiempo "persiste sólo como una consecuencia de los acontecimientos que ocurren en él". ¿Y que persiste al acontecimiento de picar piedra? No se me ocurre otra cosa que lo que se piensa mientras se pica la piedra.
Ahora sí: voy a dejar algunas preguntas en el tintero: ¿si el tiempo existe, cuando empieza a transcurrir? ¿Que había antes de que el tiempo existiera? ¿Más tiempo? Si la vida tiene un tiempo? Entonces la eternidad tiene otro? ¿Por qué siempre nos preguntamos que hay después de la muerte? Porque no nos preguntamos que había antes de la vida? ¿Acaso será lo mismo? ¿No será que tenemos la respuesta tan clara que no la vemos?
A la mañana siguiente, antes de comenzar con el tema de agenda, el viejo le preguntó al joven: ¿y que pensaste de lo que hablamos ayer? ¿Te quedo una idea más acabada del tiempo?
Si, dijo cabizbajo el joven. Me di cuenta que el tiempo no es más ni menos que lo que le quite al chico que maté esa noche de furia.
El aire pareció cortarse en la celda y todo se convirtió en pena.
El viejo no dijo nada, pero se acordó que él también, aunque no dolosamente, había cortado el paso del tiempo en la vida de una persona.